La Devoción a lo Bello

El papel del punto seis de Ambra es el de aglutinante, es decir, es el de “proyección de cierta sustancia” que tanto mantenga cohesionados a los que a ella han de pertenecer, como que atraiga continuamente otros hacia querer pertenecer. La cualidad de este aglutinante es la de un impulso a la natural urgencia de un ser humano por mejorar pero en sentido grupal, esto es, en un sentido claramente hacia las virtudes que entendemos como perfección y lo bello más una verdadera fraternidad como consecuencia inevitable. Esto no en una visión únicamente romántica o de simple “buena ciudadanía”, sino científica en su sentido más verdadero. Una verdadera fraternidad solo puede consolidarse mediante el entendimiento de que este concepto es una realidad comprobada y no como si este fuera una ocurrencia humana, pues no lo es. El calificativo de “será una máquina de vanguardia” de este punto de la iniciativa y también denominado “idealismo”, radica en esta visión de incentivar la urgencia natural de mejora de la sociedad humana por medio del entendimiento, entendimiento de que la virtud no es otra cosa más que la detección vía la mente del mundo futuro, que está ya a las puertas si el ser humano decide identificarse con esa realidad que ya puede sentir.

Como el primer artículo de esta categoría indica, el arte y la ciencia serán los principales productos de Ambra, productos para compartir al mundo. Esta actividad en el área, “cinturón” o “rueda” correspondiente, debe mostrar las actividades científicas o productos de la forma que demuestren la realidad de la interrelación entre todo y todos, mientras que mediante actividades artísticas mostrar la belleza que demuestra la complementariedad y necesidad mutua de los opuestos. En una frase, mostrar la realidad científica de la unidad de lo aparentemente separado. La demostración de dicha realidad traerá un momento iluminador en el individuo debido a la revelación de lo que está detrás de un hecho como consecuencia. La urgencia de mejora en el ser humano será entonces correctamente canalizada no por la imposición de cierta ideología o mandamiento, sino por la voluntad de causar esa realidad de la que se ha dado cuenta como un hecho de la naturaleza que lo incluye a él mismo; verdadero idealismo.

A esta altura el lector podrá sin mucho esfuerzo detectar que este punto está altamente relacionado con la función que las religiones han desempeñado en la sociedad humana a lo largo de la historia. Toda religión, para que lleve el nombre de verdadera, debe tener como base esta afirmación sobre la realidad y los seres como una sola entidad, así como la presencia fundamental de una única energía generadora de todo movimiento detectable: la religión es devota de lo ideal por naturaleza. Sin embargo, hay un aspecto a cuidar y que tristemente se manifiesta con frecuencia en toda religión cuando se es esclavo de la letra y no de su espíritu: la religión falla por las limitaciones de interpretación del ser humano según las épocas aunque no en sí por sus principios, si es que ésta cumple con las dos condiciones mencionadas de inmanencia y trascendencia, o sea, la presencia tanto dentro de cada ser así como en el flujo entre ellos de “la energía”, Vida, que mantiene y renueva el Todo. La falla, es la implementación violenta o coercitiva de sus preceptos para intentar forzar la venida de un ideal, y es la explicación a que una ideología o religión pueda estar como motor oculto de una guerra de cualquier tipo.

El impacto del detectar una realidad potencialmente más bella, como se menciona en el artículo previo en esta serie, puede causar desequilibrios en temperamentos de naturaleza idealista ante el conflicto detectado con la realidad anterior o un cambio en la moral socialmente aceptada, puede generar un rechazo desmedido hacia éstos, deseando su aniquilación o calificándola de maldad intrínseca, en una palabra, fanatismo. Este error perceptual y contradictorio a la propia naturaleza de reunificar lo aparentemente separado, jamás emerge si el entendimiento de Dios como energía creadora independiente (Dios trascendente) y Dios como fragmento animador en lo profundo de todo ser (Dios inmanente) está en equilibrio en el entendimiento del individuo.

Una devoción a cualquier ente, concepto o imagen sin un entendimiento, es decir, adulación o idolatría, causa inevitablemente más ilusión de separación (CIVILA capítulo 5 – El humano sano), y es así terreno fértil para la manifestación de agresión y conflicto. Es caer ante la ilusión de separación entre las partes del todo violando así el mismo principio de toda verdadera religión. Entonces el ideal que una religión puede parcialmente detectar queda imposibilitado de efectiva incorporación en el individuo si éste es forzado a cumplir un dogma. La máxima “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, repetida hasta el cansancio por los grandes, es el pivote para que lo trascendente no viole lo inmanente, principio mismo de la condición natural de libertad. Este es el idealismo al que un devoto debe aferrarse para ser un efectivo transmisor de Belleza en toda relación humana y más allá.

En esta área de la iniciativa, la libertad de culto es una condición garantizada y toda verdadera religión y su ritual habrán de ser no solo ejercidos sino promovidos, buscando además dar opción de una ceremonia común, un patrón general, en la que todo ser humano pueda participar cuando y tantas veces que se desee sin tener que abandonar ninguna línea de creencia, por estar basada en principios innegables, científicos y compatibles con toda verdadera religión. Esto con el preciso objetivo de diluir la ilusión de separación entre los miembros de la especie humana y con el entorno.

Es tiempo entonces de nuevas formas para encausar esa urgencia en el ser humano por mejorarse a sí mismo, entender la devoción por lo bello, cambiar el método antiguo de la imposición de nuevos órdenes por uno de entendimiento científico de la unidad de todos los movimientos, físicos (desplazamientos de materia) o conceptuales, y de todas las disciplinas. Imprimir suavemente comprensión mediante la creación de ejemplos vivos de ideales, usando las ciencias y las artes, para que sin rechazo de lo que es natural, ordinario y común, transferir ello a propósitos trascendentes. Esa es la misión de este punto y el reto para sus colaboradores.]

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