Catedral de Vida

Dieta exitosamente diseñada y corroborada en sus valores teóricos, solo queda su ratificación por laboratorio y ajustes; en ello está ahora el equipo dedicado a este punto (ver los artículos anteriores en esta línea de la iniciativa —”será una ciudad”). Los siguientes pasos para diseñar las soluciones después de ‘el alimento’ —en aire (espacios), en agua y en medicina— no pueden iniciar sino es primero mediante la definición del anteproyecto, esquema, layout o blueprint de la ciudad entera, y este último término, “blueprint” o cianotipo, es el que más nos interesa para definir la función de esta etapa y para este punto de Ambra.

Un “blueprint” o cianotipo denota una imagen producida por efecto de procesos fotográficos, esto es, mediante luz y en especial la formación de un ‘negativo’ en tono azul profundo; la producción de una imagen mediante la luz de la ideación, es decir, la creación de un auténtico símbolo que se traducirá en las líneas principales del anteproyecto de ciudad; plasmar las áreas y principales rutas de interacción entre los distintos aspectos de ella y como una unidad coherente para un propósito muy preciso. Este blueprint ha de plasmar a grandes rasgos los espacios y su interrelación para los siete puntos que definen la iniciativa.

Así fuere no más grande que la extensión de un pequeño centro comercial en principio, al plantearse Ambra como una ciudad debemos entonces entender correctamente lo que una es, para así generar sus líneas. Una ciudad es un conjunto de individuos civilizados, ciudadanos de ésta, preguntémonos y respondamos en consecuencia qué es lo que civiliza a un individuo y lo convierte en, o inicia el proceso para ser, un ciudadano de cierta región; la propia ciudad debe formar la oportunidad para los individuos de adquirir eventualmente una condición de ciudadano de sí misma.

La ciudad es propiamente el elemento civilizador en su aspecto de actividad organizada, es decir inteligente, cuya “energía” o “fuente subjetiva” que la mantiene en verdad y la hace expandirse es el ser una fuente “radiante” de un ideal, donde un espacio físico limpio de toda influencia humana para el asentamiento de este ideal (o sea, de una deidad) existía como centro de la ciudad. Este es el verdadero significado de un mandala o de todo diagrama de un templo en las diversas religiones; representación gráfica del cuerpo reconocido claramente como no más que el vehículo de expresión de una inteligencia. Por ello, toda ciudad tenía como centro ese lugar para “lo más santo de lo santo”, desde un templo físico o una iconografía del ideal regente de la ciudad dentro de lo más interno, limpio, del templo, hasta una catedral en los tiempos más recientes de occidente y las cuales se convirtieron en las primeras universidades en el sentido moderno del término, y con esta explicación no debería sorprender que esto haya sido así; es consecuencia de ese poder evidentemente sobrehumano que le inspira a convertirse en algo más allá de su condición natural vigente. La pérdida de ese ideal o bien su corrupción al asumir su presencia plena en algún ente mortal, lleva a una civilización al colapso tarde o temprano.

Los ideales han tenido distintos énfasis en cuanto a cualidad a lo largo de las eras, no obstante el ideal más alto, el Dios Uno padre de todas las deidades, del género humano y de todo lo que existe, o sea lo puramente Divino, el Origen Creador más allá de toda voluntad individual, se ha encontrado como trinitario por todas las civilizaciones: primero, una actividad inteligente, espíritu formativo, que rige el principio de economía del movimiento; segundo, la relación entre todos los entes creados por esa actividad inteligente y que los mantiene como conjunto coherente, es decir, lo que identificamos con el vago concepto de ‘Vida’, algo que fluye y en su fluir ejerce poder de atracción —el gran instructor, educador, maestro o iniciador sobre ‘lo que ha de venir’ y por tanto evocador de respuesta coordinada de las partes; y tercero, el propósito puro, una voluntad de unificación, que si bien esa voluntad pura que crea el mundo es aún incomprensible por la humanidad, ésta se refleja en el impulso de organización política. Esto no es un mito heredado o compartido entre culturas sino la identificación independiente de estos tres principios por los iniciadores de civilización, esto es, por los auténticos, originales y anónimos sacerdotes-reyes del pasado milenario cuyo registro se pierde de la historia; por la identificación de estos principios dentro de ellos mismos y ante este hecho evidentes en el propio Universo. Así se levantó toda gran civilización que consideramos ‘originaria’.

I12 Foundation detectó también de forma independiente estos tres principios o departamentos como fuente de la evolución y son los tres pilares de Ambra. Todo individuo que se concentre en mejorar este planeta aun a costo de sus deseos personales encontrará eventualmente y más allá de toda duda la realidad de su existencia e influencia como las fuentes sobrehumanas del progreso —la creación de ciudadanos que formen la base de una academia e ‘intelligentsia’ cuyas actividades mentales y creativas existan por amor a estos tres innegables principios, será consecuencia natural e inevitable de la iniciativa.

Las permutaciones de estos tres principios son seis, y la séptima es la síntesis o parte más exterior, funcionalidad o contacto con el mundo más cotidiano; I12 Foundation la llama “extrema bondad”. Estos son los siete puntos de Ambra. Entonces, la ciudad debe tener un espacio para que cada una de estas seis permutaciones de los tres principios y su síntesis puedan encontrar expresión. Esta es la base de la plantilla, layout o blueprint ya en proceso de creación al tiempo que este artículo es escrito, pero su valor debe entenderse como un objeto mental totalmente real, visual, que sirve de canal para que este ideal trinitario en sus siete énfasis aparezca y se mantenga en la realidad física.

La forma y conexión entre los espacios de la ciudad estarán diseñados para ofrecer al individuo más desfavorecido por su condición social o al que no encuentra cabida en el desarrollo económico actual, convertirse en su ciudadano si así lo desea, llevándolo poco a poco a su siguiente paso inmediato para lograr ser un individuo que sea capaz de sostener en sí mismo las más altas virtudes, convirtiéndose en un activo que aporte al mundo y su transformación… la naturaleza y colocación de todos los sistemas de físicos de mantenimiento vital para la ciudad y sus ciudadanos serán consecuencia de esta “ideación mediante el flujo de la luz“.

Una ciudad establecida conscientemente acorde a los principios correctos en su formación, un centro radiante de suprema bondad y excelsa técnica para la unión que por tanto natural y pasivamente rechaza y disuelve toda eventual corrupción. Una ciudad que lleve paso a paso al individuo con la aspiración y voluntad suficiente hasta el punto más elevado que su conciencia pueda alcanzar y tocar ese propósito, aunque fuere por un instante a la vez, proveniente de fuentes supra-humanas, y renacer en un nuevo ser humano.]

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