El Mérito

La justicia como determinativa de un orden es entonces la primera en estar sujeta a uno. Solo una vez que queda perfectamente establecido en el individuo que el ser justo responde a una acción primero de comprensión hacia el otro y no de retribución ni castigo, entonces se vislumbra que el merecimiento consiste en la señal que permite proveer al otro de una condición precisa que le permitirá desarrollar su potencial al siguiente nivel. Este es el profundo entendimiento que es muy escaso en el humano en general acerca de la justicia. El artículo anterior en esta línea sobre “rescate a los meritorios” pretende dar las herramientas de análisis para llegar a esta comprensión y ser un efectivo colaborador en el punto dos de la iniciativa Ambra.

Todo esfuerzo hacia un orden mejor ha de estar motivado por darle un vehículo adecuado a la compasión, esto es, darle la limitación necesaria para que cumpla el plan de sacar a la luz el mayor potencial del individuo. El desarrollo de un correcto rescate de los meritorios consiste en entender que las capacidades del ser humano no son fijas, sino que están temporalmente establecidas por una propia limitación presente al momento o bien impuesta por condiciones externas. Por lo anterior, el grado de desarrollo de un individuo no es necesariamente determinado por la edad sino por una combinación de sus propios deseos con la limitación tanto autoimpuesta como externa. El arte de hacer justicia es detectar en qué punto de desarrollo está cada individuo en orden de proveerlo de la justa condición inmediata superior que le permita avanzar mediante su propio esfuerzo, no más allá del factible de obtener a partir de su condición, es decir limitación, previa.

Si bien cada individuo tiene variados deseos y que aparentemente se especializan en muchos ámbitos, el lector estará de acuerdo en que podrían definirse grandes grupos que comparten cierta expresión en su personalidad. Una identificación correcta de estos grupos y el establecer qué puede hacerlos meritorios para ser invitados a pasar a otra condición y proveérselas, es la misión de este punto de Ambra.

Entendiendo entonces que los grupos en los que podría clasificarse a los individuos humanos no son su determinante sino su propia limitación temporal, que no dependen principalmente de la edad, y teniendo siempre presente que el objetivo no es otro que identificar su necesidad para ser más “felices”, ¿cuáles podrían ser los grupos de expresión personal humana? ¿Se corresponden con un nivel socio económico o no? Reflexionemos en ello pues el captar qué hace diferente las percepciones de felicidad entre los individuos es evidentemente el factor guía.]

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